La extraña y encendida enemistad de Oviedo y Argaña

1.077

Efraín Martínez Cuevas (*)

Conocí personalmente a Lino César Oviedo Silva poco antes del golpe militar de febrero de 1989 cuando él actuaba como ayudante del general Andrés Rodríguez. Entonces, Oviedo tenía el rango de coronel.

Fui presentado a él por mi compadre Gregorio Florentín quien, a su vez, era compadre del militar. Le visitamos para preguntarle con quién podríamos hablar sobre la inversión que un extranjero quería emprender en Paraguay.

Así conocí a Oviedo.

Volvimos a encontrarnos en 1991 cuando operábamos a favor de la candidatura de Juan Carlos Wasmosy para la presidencia de la República. Desde entonces nos frecuentábamos.

Oviedo ejercía un alto cargo militar y; Nicanor Duarte Frutos y yo nos encargamos de la comunicación periodística de la dupla Wasmosy – Seifart.  Lino no se llevaba bien con Nicanor; conmigo, sí.

En plena campaña política, durante la interna colorada de 1992, en reunión del comando de la lista 2, la de Wasmosy y Seifart, realizada en la oficina de la Financiera “Estrella”, sobre la calle Presidente Franco casi México, el pleno, del cual participé, decidió nombrar como jefe de campaña de la lista 2 en la sombra a Lino Oviedo.

Asumió la responsabilidad y cumplió su tarea con disciplina, entusiasmo y puntualidad.

La prensa se enteró de lo que Oviedo andaba haciendo en la política por lo que no dejaba de hostigarle. El hombre todavía estaba al servicio de las Fuerzas Armadas. Oviedo no prestaba atención al acoso periodístico.

Siguió cumpliendo su papel de jefe de campaña operando en todos los frentes: 1)- el partidario propiamente dicho con operadores políticos civiles y; 2)-el militar, con operadores uniformados.

Estos, los militares, eran más efectivos que los civiles en el trabajo político.

Entre los uniformados que operaba fuertemente  fue el general Ramón Rosa Rodríguez quien en octubre de 1994 sería asesinado por los mismos militares en medio de un escándalo protagonizado por narcotraficantes. Rosa Rodríguez era el jefe de la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD).

Retomando, Oviedo examinaba a los jefes de operadores de la lista 2.

“Tenemos el compromiso de ganar esta interna y las elecciones nacionales. Argaña (Luís María, candidato disidente en el Partido Colorado) no debe ser el candidato de la Lista 1. Arengaba en todas las reuniones políticas a las que él concurría siempre uniformado de militar.

El ex presidente de la Corte Suprema de Justicia no era santo de su devoción. Se transformaba en un temible ser primitivo ni bien se refería al abogado y político. Hubo algo más, pareciera, y que nunca supe de qué se trata, de lo que aparentaba para que Oviedo se mantenga en completa alerta respecto a Argaña.

Ya durante el gobierno de Wasmosy, siendo Oviedo el comandante del Ejército, me confió en más de una oportunidad que si Argaña fuera presidente de la república a él (Oviedo) lo haría pasear desnudo y en una jaula por la calle Palma.

Mientras Oviedo fue comandante del Ejército y; yo, director de la Imprenta Nacional, manteníamos frecuentes encuentros porque en la imprenta atendíamos sus necesidades de papelería e impresos institucionales.

Me llamaba la atención su obsesión contra el que después sería el vicepresidente de la república por su propio equipo político (por el de Oviedo). La sensación en el ambiente denotaba que el espacio no era para ambos al mismo tiempo. Era o para Oviedo o para Argaña. Los dos juntos, imposible, menos con Argaña gobernando. La enemistad entre ambos era a toda prueba.

Cuando ya rompió relaciones con Wasmosy en 1996, un día el ya ex militar me invitó a su casa para ofrecerme un cargo en su equipo político – que no acepté – y para confirmarme que disponía de 80.000.000 dólares “para comprar a la prensa”. Pero esta parte, les cuento en la próxima entrega.

(*) Periodista y escritor paraguayo, autor de varios libros.

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: