¡Salud Paraguay por los 206 años de la Independencia!

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¡¡ Salud, Paraguay!! ¡¡ Bien por la Independencia del Paraguay! Recordemos hoy con orgullo a los Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Fulgencio Yegros, José Gaspar Rodríguez de Francia y otros ilustres próceres que posibilitaron la Indepdencia. Ellos venían desarrollando las reuniones “secretas” se hacían en la casa de la familia Martínez Sáenz, actual Casa de la Independencia, con mucha cautela y prudencia de parte de los amotinados, pero aun así, toda Asunción hablaba de la conspiración; incluso en la Casa de Gobierno se sabía de los planes. Lo cierto es que esa Independencia se logró el 14 y 15 de mayo de 1811.

El pueblo paraguayo clamaba cambios, quería la emancipación, y la victoria obtenida en Tacuarí frente a las tropas enviadas por Buenos Aires al mando del Gral. Manuel Belgrano exaltó el orgullo nacional a expensas del desprestigio de las fuerzas españolas. Ante el descontento popular, el gobernador Velazco buscó la cooperación de Portugal para mantener el régimen españolista. La amenaza de esta alianza fue el motor principal para adelantar la fecha de la revolución, gestada desde el día siguiente de la batalla de Tacuarí (9 de marzo de 1811), y señalada para el 25 de mayo.

Así, en la noche del 14 de mayo, Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe y otros compañeros se apoderaron del cuartel de la plaza, que estaba a cargo del oficial de guardia Mauricio José Troche; intimaron al gobernador Velazco, pusieron en libertad a más de 30 presos políticos y así iniciaron la revolución.

El pueblo y las tropas invadían la plaza al grito de “Viva la unión” y, en la madrugada del 15 de mayo, el capitán Caballero exigió a Velazco la entrega de todas las armas, la admisión de dos diputados adjuntos al gobernador, la separación de los funcionarios españoles y de todos los miembros del Cabildo, que ningún buque saliera de Asunción y que el emisario portugués José de Abreu no abandonara la ciudad.

En principio Velazco trató de resistir la imposición, contestó en términos vagos la petición de los revolucionarios y negó rotundamente acuerdo alguno con Abreu, pero luego se dio cuenta de la inutilidad de su resistencia y optó por aceptar las condiciones impuestas.
Al atardecer del 15 de mayo fue izada la bandera paraguaya y veintiún cañonazos saludaron el triunfo de la revolución.

 

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