El legendario HDD no hubiera apoyado la candidatura de Marito

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Humberto Domínguez Dibb (HDD) el del saco y pantalones blancos, el de las camisas negra a veces y; roja, cuando estaba de humor partidario; el del descapotable, el del Roll Royce aquel. Yerno del presidente Stroessner y enemigo número uno de Sabino Augusto Montanaro, el temible ministerio del Interior de aquellos duros tiempos de la dictadura, quizás no hubiera apoyado a Marito en las próximas elecciones internas de la ANR y les explicaremos por qué. 

HDD era un platudo bohemio, elegante, seductor, admirador de las mujeres más bonitas de su época.

También fue el dueño y director del diario Hoy, el de la sala de redacción más divertida de los últimos 40 años del periodismo paraguayo. El diario protagonizado por Nicodemus Espinosa, Alberto Peralta, Mario Casartelli, Tony Carmona, Marcos Álvarez, Fernando Alviso, Sonia Paredes Cabral, Pablo Cavará y tantos otros divertidos colegas.

El yerno de Stroessner un día atropelló el diario ABC, metralleta en mano. Aprovechó su asalto al medio para dejar unos cuantos sopapos al bueno de Rufo Medina, entonces secretario de Zuccolillo, en ausencia de este, se sacudió las enormes manos y se retiró.

Le agradaba meterse en entreveros. Era una suerte de José Gill urbano.

Tras el cierre de Abc, en marzo de 1984,  Alberto Peralta, secretario de redacción de Hoy, me invita a integrarme al equipo de redactores de ese matutino. De Abc emigramos al diario de la avenida Mariscal López, Carlos Rodríguez, Roque González Benítez y yo.

Tuve el notable privilegio de ser confirmado como periodista del diario por el mismísimo HDD durante una reunión que mantuvimos en su amplia y lujosa oficina blanca del matutino.

En informal y cálida charla me comentó todo cuanto procuraba para sostener la calidad del diario; “si yo no atiendo aquí, la gente hace tonterías, no es fácil hacer periodismo con cualquier gente”, dice ufanándose de su gestión como director.

“A mí pues me gustan las modelos – añadió entrando en confidencia – y si una de ellas me visita y yo te veo por el monitor que estás en la redacción te voy a llamar y vos venís con una cuartilla escrita cualquiera y me vas a preguntar si qué me parece el editorial que supuestamente escribiste. Yo voy a leer y te voy a retar. Mirá, te voy a decir, cómo se escribe un editorial y me pondré a teclear en mi máquina de escribir, así la modelo, la nena, que estará mirando todo quedará impresionada por mí, ¿me entendés?”.

HDD era divino.

Tantas veces me echó de su diario porque no le gustaba ya la tapa, el editorial, un titular o una foto. Entonces fungía yo de secretario de redacción del pasajero vespertino “La Tarde”, también de su propiedad, editado en la misma planta cercana al cementerio de la Recoleta.

Me echaba por teléfono, como Lugo a sus ministros por mensajitos.

Nery Farina, el pacificador de siempre, se encargaba de llevarme de nuevo a la redacción. Claro, HHD se olvidaba al día siguiente del altercado, y no me pregunten por qué olvidaba porque no les contestaré sobre todo porque él ya falleció.

Punto y aparte.

Una noche, en la fiesta de su cumpleaños, en su casa sobre la avenida Aviadores del Chaco, no dejó salir a nadie. Mandó echar llaves al portón y puso guardias para que nadie ni intente arrimarse al portal con la peregrina intensión de fugarse. Su idea era farrear con todos hasta el amanecer. Como nadie se opuso a semejante totalitarismo, amanecimos festejando su onomástico entre caviares, champañas, orquestas e invitados venidos de todas partes.

Ahora les diré por qué pienso que no apoyaría a Marito:

porque Marito es hijo de uno de sus principales enemigos políticos, Mario Abdo Benítez, uno de los cuatro colorados satanizados tras la caída de Stroessner, uno del famoso “Cuatronomio de oro” (Benitez, Montanaro, Jaquet y Godoy Giménez). AHH era parte de los tradicionalistas (Juan R. Chávez, Argaña y otros colorados radiados del entono del poder en aquel entonces.

Pienso que si hoy vivía, HDD – ya hubiera superado los 75 años de edad – su confianza partidaria hubiera estado a favor de Cartes o Afara o, quién sabe, hubiera presentado su propia candidatura a la presidencia de la República.

Nunca otro director de diario fue como el legendario Humberto Domínguez Dibb, el que firmaba como HDD sus pequeños comentario publicados en la tapa de su diario, el asunceno de los memorables escándalos políticos y pasionales, un play boy de armas tomar, un personaje que jamás será olvidado.

Efraín Martínez Cuevas

 

 

 

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